El Quetzal – Biólogo Oscar Campollo

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Artículo por: Oscar Campollo de Onca

Foto de portada: Sol de Puebla

Ver un quetzal volando libre frente a nuestros ojos, es quizá una de las metas de todos nosotros, los guatemaltecos.  Desde pequeños nos han llenado la imaginación con el vuelo del pájaro serpiente, con las leyendas de su vuelo, moribundo, sobre el pecho de Tecún Human, llenándose de sangre.

La lejanía de su hábitat, la imposibilidad de verlo en un zoológico y toda la magia que lo rodea lo hacen más buscado, pero es muy escurridizo y pocos hemos logrado verlo.

Empecé a buscarlo desde que pude viajar a los bosques nubosos. Las caminatas en el biótopo “Mario Dary” a diferentes horas del día y diferentes meses, quedarse en silencio cerca de un árbol de aguacatillo por horas esperando verlo llegar a comer, fueron infructuosas por mucho tiempo, y me uní al común clamor popular de que en el biótopo se ve de todo menos quetzales. Hasta que un día, sin buscarlo, como suelen ocurrir estas cosas, lo vi…. No estábamos en el biótopo, sino caminando hacia la cascada de Chilascó, en Baja Verapaz. Su vuelo recortado en la neblina salto a la vista con aquella su cola increíble que había hipnotizado a los mayas y se había convertido en símbolo nacional… allí estaba y jamás olvidaré ese primer contacto.

Quetzal Volando Foto por: quetzalpharomachrusmocinno.com

El quetzal, denominado científicamente Pharomachrus mocinno, vive en los bosques nubosos desde el sur de México hasta Panamá.

Fue descrito por primera vez en 1832 por el naturalista mexicano Pablo de la Llave, que nombro a su especie “mocinno” en honor a su maestro José Mariano Mociño. El nombre quetzal, que ahora se utiliza para las cinco especies del genero Pharomachrus, y las especies del genero Euptilotis, viene del término QUETZALLI, que está en lengua Nahuatl como muchos de los términos utilizados en Guatemala, debido a que fueron los Nahuatl, tribu de indígenas mexicanos, los que traducían a los españoles los nombres de las cosas y lugares durante la conquista, que puede traducirse “de cola larga con plumas brillantes”. Y aunque el nombre “quetzal” se use para varias especies, el Pharomachrus mocinno es el único con las largas plumas de la cola.

Es un ave mediana, pero la mayor dentro de la familia de los Trogones a la que pertenece, Mide 36 cm., además de hasta 64 cm. correspondientes a las “colas” del macho; pesa 210 grs. El macho es inconfundible, inclusive sin las prolongaciones, debido a su cresta en forma de casco comprimida lateralmente que se extiende hacia adelante para cubrir la base del pico. La hembra y los juveniles carecen de cresta pero muestran una cola con un barreteado distintivo y el pecho gris.

El macho adulto es verde resplandeciente en gran parte, presenta las coberteras de las alas (pumas que cubren las alas cuando las cierra) alargadas y extendidas hasta los lados del pecho.

Las 4 coberteras supracaudales (plumas de las alas que van hacia la cola) son alargadas y forman unas “colas” delgadas y flexibles.

Las remeras y las timoneras centrales (plumas de las alas con que se empuja en vuelo) son negras y las timoneras laterales blancas. La parte inferior del pecho es marrón que gradualmente se transforma en carmín encendido en el abdomen. El pico es amarillo y las patas grises oliváceas.

La hembra es mucho más opaca. Presenta las coberteras de las alas y de la cola solo ligeramente alargadas. La cabeza es verde bronceado opaco. El pecho es gris, el abdomen carmín más pálido.

 Su nido es una cavidad profunda y desnuda, parecida a la de los pájaros carpinteros, con una entrada lateral única, ubicado de 4.3 a 27 m de altura sobre un tronco en descomposición en el bosque o en un claro cercano. Ponen 2 huevos de color azul claro que miden 38.9 por 30.2 mm. El período de incubación dura entre 17 y 18 días. Se reproducen de marzo a junio (con frecuencia dos nidadas por año). Las crías son atendidas por ambos padres y dejan el nido después de 23-29 días.

Durante el período reproductivo, el macho asciende a lo alto del bosque en un despliegue de vuelo y ruido (comportamiento conocido solo en esta especie).

Foto por: www.que-come.com/quetzal/.jpg

En Guatemala, tanto el pasado como el presente de esta especie es complejo. Los mayas tenían a esta ave como sagrada relacionada con quetzalcoatl y denominada como pájaro serpiente, para los mayas era el dios del aire, deidad de luz y bondad, los gobernantes y nobles llevaban tocados de plumas de quetzal, en especial las largas plumas de la cola, mas al ser un ave sagrada era prohibido matarlas, por lo que las atrapaban y tan solo les quitaban algunas plumas. Estas plumas eran un tesoro para el comercio entre las ciudades.

El quetzal se ha considerado como el ave tutelar, o protectora, del pueblo maya. Está en la pintura, escultura y arquitectura. Su color era el color de lo divino, el mismo color del jade.

El quetzal está presente en múltiples relatos mayas guatemaltecos. Verbigracia, el quetzal era un ave sagrada para el pueblo de Cotzumalguapan pues formaba parte de sus rituales mágicos, incluso existe una antigua danza en honor a esta ave: el festín de Quetzalcotzumal.

Otra interpretación del valor divino del quetzal en la cosmogonía maya guatemalteca, viene dada por la conversión de la orquídea en esta ave. Para los mayas, la orquídea era la flor dotada de los valores y belleza más altos. Fueron los mismos dioses que convirtieron la flor en ave.

Una vieja leyenda, narra cómo los señores del Alba y del Crepúsculo fueron los que dieron vida al quetzal. Ambos señores soplaron sobre las copas de los árboles de guayacán, y del remolino de  su aliento condensado, entre las hojas verdes azules de los árboles, emergió una fastuosa ave, volando hacia el firmamento.

El Quetzal fue declarado como Ave Nacional mediante el Decreto No. 33 del 18 de noviembre de 1871, por el entonces presidente, General Miguel García Granados. Se estableció el 5 de septiembre para enaltecer su valor y significado.

El quetzal simboliza libertad. Es la única ave en el mundo que al perder su libertad y ser enjaulada, muere de tristeza. Representa nuestra democracia, libertad y soberanía.

En el presente, la población está dividida y aislada. Las áreas de bosque nuboso están separadas por áreas agrícolas. La mayor población de quetzal en Guatemala está en Sierra de las Minas y los bosques anexos a ese sistema.  En Quetzaltenango, Suchitepequez y San Marcos aún hay zonas de bosque bastante saludables donde nuestra ave símbolo se desarrolla, aunque en poblaciones pequeñas.

A pesar de ser “el ave más importante de Guatemala” no se tienen datos determinantes sobre su población; algunos biólogos la estiman en unas 250 parejas, algunos en un poco más y se reconoce que Costa Rica posee la población más grande de ellos. En México hay programas de reproducción bastante exitosos, pues la importancia de mantener una población saludable es regional.

La familia Trogonidae es amplia, en Guatemala existen 8 especies de trogon, incluyendo al quetzal, algunos de ellos tienen características parecidas, pero ninguno con los tonos resplandecientes ni la cola larga.

Ni siquiera las demás especies que comparten el género Pharomachrus tienen la belleza del quetzal.

Una gran aventura encontrarlo..

No hace mucho, compartí una expedición de avistamiento con un grupo de apasionados de las aves venidos de Europa, 4 franceses y una pareja de ingleses. Habíamos recorrido buena parte de Guatemala en búsqueda de algunas aves especiales, pero venían con la meta especifica de contar al quetzal dentro de su lista de avistamientos. Pasamos 4 días en los bosques de San Rafael Pie de la cuesta, en san Marcos,  mojados, con frio, al pie de un aguacatillo lleno de frutos (uno de los alimentos preferidos del quetzal) o buscando sus nidos, ya que en la época de reproducción es más fácil verlos en sus vuelos de reproducción o en la búsqueda de alimento para polluelos.

Después de esos días infructíferos nos movimos a la Finca las Nubes, en San Francisco Zapotitlán, Suchitepequez. El clima invariable, lleno de neblina, frio y llovizna nos enfriaron un par de días más, hasta que un martes, cuando apenas el sol empezaba a dar muestras de vida tras la eterna pared de neblina, pase la vista, con los binoculares por lo alto de un árbol muerto y una silueta me detuvo… su cola larga a contra luz no mostraba los colores iridiscentes, pero lo reconocí… ¿¡Quien no lo reconocería!? Volteé a ver a los pajareros y con señas, sin alzar la voz les mostré el punto con una gran sonrisa. Cuál no sería nuestra sorpresa, cuando alza el vuelo y pasa frente a nuestras caras sorprendidas para llegar a su nido donde supusimos lo esperan sus polluelos. Perdimos el sentido de las horas viéndolo ir y venir, no estoy seguro si no nos vio, pero nos dio un show excepcional. Esa noche, al calor de la fogata, mis amigos extranjeros me trasladaron toda su alegría y admiración, según sus propias palabras era lo más hermoso que habían visto en sus viajes.

Esa noche, mientras me acomodaba en mi hamaca, pensaba en la diversidad biológica que acumulan aún nuestros bosques, en la riqueza que sin pensar hemos depredado y exterminado, pensaba en esos niños de honda en mano, atentan contra cualquier avecilla que se cruce por el camino. Pero saben, aún tengo esperanza, esperanza de ver una Guatemala consiente y verde, una Guatemala donde abunde el quetzal!

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